Si bien es cierto que la gran importancia de los árboles y plantas en el planeta es que realizan la fotosíntesis, el utilizar el dióxido de carbono que nosotros exhalamos y transformarlo en oxígeno es una de las grandes maravillas por las que siempre estaremos en deuda con ellos.   

La reforestación en realidad consiste en plantar árboles en un terreno en donde anteriormente tuvo una concentración de vegetación. Es sembrar nuevamente en una zona en donde en el pasado hubo árboles y plantas, y que por alguna causa dejaron de existir. Su importancia es evidentemente la producción de oxígeno, el cual es necesario para los seres vivos. En sí, las grandes extensiones de bosques tropicales y selvas son consideradas como “Pulmones de la Tierra”, por las altas cantidades de oxígeno que generan anualmente.  

Los árboles, además de su reconocida producción de oxígeno, son capaces de retener algunas partículas de contaminación, como el polvo, las cenizas y el humo, los cuales son muy perjudiciales para la salud de los seres vivos. Otras de sus funciones es su ayuda a la preservación del agua, evitando la erosión y la sedimentación de los ríos.